Lun. Mar 27th, 2023

    Ia crisis sanitaria ha sacado a la luz a un grupo de empleados que ejercen profesiones necesarias para la continuidad de nuestra vida económica y social, la «segunda linea»designado por el Presidente de la República junto a los cuidadores en su discurso de abril de 2020. Entre ellos, trabajadores (en la agricultura y las industrias agroalimentarias, construcción, manipulación) pero también conductores, carniceros, carniceros, panaderos, vendedores de alimentos, cajeros de supermercado, limpiadores y limpieza, ayuda a domicilio, seguridad, etc.

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    La misión encomendada por Elisabeth Borne en noviembre de 2020, cuyo informe fue publicado en diciembre de 2021mostró la dificultad de sus condiciones de trabajo y empleo, en particular a través de bajos salarios, diversas formas de trabajo arduo y bajas posibilidades de promoción durante el transcurso de… Sin embargo, a pesar de la riqueza del informe estadístico y la ambición de un diálogo renovado en las ramas en cuestión, el «reconocimiento» del papel esencial de estos empleados se detuvo en un bono excepcional dejado a la discreción de los empleadores en 2021, y además no específico de estas profesiones.

    En el contexto del debate sobre la reforma de las pensiones, nos parece importante reconectar con el enfoque de misión y retomar un enfoque por profesión para analizar el final de las carreras y sus dificultades.

    Los datos de la encuesta de empleo del INSEE ofrecen una primera aproximación, al desglosar la población de mayores de 50 a 64 años según su situación en el mercado laboral según su profesión. Los resultados muestran que los empleados que ejercen o ejercen como oficio un puesto de penúltimo renglón representan el 28% del total de personas mayores, o 3,6 millones de personas. Están empleados con un poco menos de frecuencia que otros trabajadores asalariados (58% frente a 66%), y estos son más trabajos a tiempo parcial (18% frente a 10%).

    Alto riesgo de pobreza

    Sin embargo, al estar ligeramente más afectados por el desempleo, y sobre todo por la inactividad fuera de la jubilación, los seniors de segunda línea tienen muchas más probabilidades de no estar ni ocupados ni jubilados (26% frente a 15%), situación asociada a un alto riesgo de pobreza según un estudio DREE de 2018. Muestra de la dificultad de sus trabajos, un tercio de ellos (9%) están en situación de invalidez, el doble de lo que se observa en otros trabajos. El paro y la inactividad, excluidas las pensiones, solo disminuyen lentamente con la edad: para determinados oficios, como albañiles, cajeros o limpiadores, esta situación sigue afectando a más de una cuarta parte de la población de entre 60 y 64 años. Lo más probable es que se refiera a la imposibilidad de jubilarse de estos trabajadores dada su trayectoria (número de trimestres y niveles salariales).

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